Profesor de Literatura Capítulo XV Confesiones centradas

Narrador Omnisciente

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Any esperó que él guardara sus cosas y cargara su maletín.

-Tenemos que irnos, profesor. Es muy tarde, ya casi cierran.

-Vamos al estacionamiento, te llevaré a casa.

Quizá no comprendan la actitud que estaban tomando pero el silencio no iba a durar más tiempo.

-¿Estará en problemas el día de mañana por haber faltado a todas sus clases?

-No lo creo, llamé a Leonel, me debía muchos favores así que está resuelto ese problema. ¿Y tú avisaste que llegarías tarde a casa?

-Le envié un mensaje de texto a mamá, de todas maneras no está casa, se fue con mi tío porque también es cumpleaños de una de mis primas.

-¿Puedo llevarte… A un lugar… Antes de ir a casa?

-Mmmm… Claro que sí, profesor.

Fueron hasta el estacionamiento, no podían estar más callados. Estaban a un metro del auto, Any abrió la cajuela y colocó su mochila, después tomó la maleta de su profesor e hizo lo mismo.

Abrió la puerta de lado derecho del coche, se subió y acomodó en el asiento… Mientras tanto Ken la veía extrañado.

El profesor entró al auto, tenía ganas de preguntarle muchas cosas aunque también quería aclararle otras.

-¿Any?

-Dígame.

-Mmmm… Lo que hiciste en la Biblioteca… ¿Por qué lo hiciste?

Any se quedó en silencio y vio por a ventana de lado derecho.

Después de al menos un minuto en lo que el profesor arrancó el auto, Any le respondió.

-La respuesta es (Miró a su profesor) Lo mismo que le hizo sentir eso que ocurrió. 

-Srta. Any, ¡No sé qué decirle! (Él se veía tan avergonzado, quizá arrepentido)

-Está conduciendo, mejor hablemos luego. ¡Por favor!

Su profesor la llevó a un enorme parque iluminado con luces de colores, frente a este había un lago enorme donde no podías diferenciar el comienzo y el final. De lado derecho había tanto espacio para aparcar y del lado izquierdo como a cien metro se podía divisar una pequeña feria con juegos mecánicos.

-Aún hay tiempo para celebrar su cumpleaños… O si desea podemos quedarnos de este lado a contemplar el lago. Este es mi lugar favorito cuando quiero escribir y cuando quiero pensar, es especial porque la vista es muy hermosa.

-Me agrada aquí. Quisiera quedarme a platicar.

-Bien.

El profesor apagó el motor del auto. Estaba nervioso, quería decirle tantas cosas a Any.

-Any, yo…

-No tiene que disculparse… (Trató de evadirlo)

-Tengo que hacerlo. (Su característica voz se puso más gruesa cuando quiso bajar el tono)

Any volteó a verlo a los ojos, su mirada era humilde, era comprensiva y también levemente sonrojada.

Ken suavizó la voz aunque todos sabemos que su voz era gruesa e incluso recta y seria. Pero estaba delante de Any, se sentía expuesto…

-Todo… Todo lo que escuchaste en esa grabación es en lo que me he convertido, en un hombre débil, temeroso, enamorado… Que no puede concentrarse cuando estás cerca, delante de mis ojos te veo con ternura pero mis sueños hacen que te vea de distinta manera, el pasar tanto tiempo contigo no me deja comportarme como siempre he sido. Porque estaba preparado para todo con un carácter recto y disciplinado, con un carácter centrado pero no estaba preparado para ti, no estaba preparado con lo que comenzaste a hacer dentro de mí. Siempre había pensando en enseñar, en ser un buen profesor, no distraerme nunca… No estaba preparado para conocerte, no estaba preparado para que alguien quitara esa barrera delante de mí que me protegía. Me siento como un tonto porque sé que ahora las cosas no serán como antes. ¡Tengo que alejarme, Any! No quiero hacerte daño.

La voz de Any y de Ken casi eran sutiles susurros.

-¡No, no se aleje, si es que no quiere hacerme daño!.. Me preguntó, hace un momento ¿Por qué lo besé? Es porque yo también he sentido desde hace mucho tiempo atrás algo por usted… 

-Basta, Any, no me mientas… 

-Yo no sé cómo explicarlo porque nunca lo había sentido… Le llamo amor a esto que siento y tengo que admitir de cierta manera que lo estaba evitando…

-¿Me evitabas a mí?

-No… Evitaba enamorarme de mi inteligente, apuesto y serio profesor… Me decía “tonta no sueñes, porque eres una joven inmadura, poco inteligente, alguien que no merece su tiempo ni su atención, que no merece tanta paciencia.” 

-No digas eso, soy yo el que no merece quitarte el tiempo… Soy yo el que no merece tener tu sonrisa todos los días a todas horas. ¡Mírame, soy el amargado de la escuela el que no tiene amigos, una persona aburrida, sólo soy un profesor!

-¡Un profesor admirable con un corazón sincero y poético!.. A algunas personas, cosas como el amor hacen que no puedan concentrarse pero si yo tuviera la capacidad de transformar y usar lo que siento, lo usaría como una fuente de motivación, no algo que me detenga o me haga sentir en problemas sino como un motor que me haga arrancar más rápido, que me haga mejor persona. Hasta ahora no lo había utilizado… Pero usted me está haciendo más responsable y una mejor persona… Escuchar lo que escuché me ha dado cierta esperanza porque el amor que siento por usted no sólo es philia, no sólo es storgé. Yo… Siento un amor EROS tan fuerte cuando estoy cerca a usted y cuando puedo oler su perfume… (Al decirlo algo recorrió todo su cuerpo, un sentimiento desconocido, lo mismo pasó con Ken)… Siento un amor eros tan fuerte que me deja darle la razón cuando dice que tiene que alejarse de mí. Eso es lo que pasa cuando no me concentro y ese amor se manifiesta y me controla, en ese momento siento que tengo que alejarme pero no quiero eso, y créame que durante un par de semanas ha incrementado pero he sabido controlarme cuando ha tocado mi hombro o lo he sentido muy cerca a mí… Usted no sabe lo que es para mí…

  -¡Oh Dios mío, niña… No hables así! (Ken empezó a ver sus labios, no podía evitarlo, también veía sus ojos. Pero algo lo detenía.)  

Ella miró directo a los ojos de su profesor, después miraba sus labios. Las palabras de Any mostraban su franqueza, la valentía de no perder nada. 

Todo ocurría realmente, ninguno de los dos se imaginó en esa situación.

-Si lo besé es porque no podía más porque también había soñado con esto (Tocó sus propios labios con las yemas de sus dedos)…

-¡Calla, Niña! No sigas… (El profesor suspiraba profundamente, tenía que controlarse.)

-Pero la imagen de mis sueños acerca de su persona no era mi profesor. (Una lágrima se derramó de cada lado de sus mejillas. Ken veía atento la sinceridad con las que sonaba y no lo creía.) Usted es quien está frente a mí ahora y yo sé que no se atrevería a sugerirme o pedirme que nos entreguemos a esto… Me conformo con verle y oírle… Porque no puedo evitar perderme en sus ojos, en su mirada y en sus labios…

La voz de Any se estaba exaltando…

Ken abrió los ojos al escuchar eso y luego se desajustó la corbata….

-Calla pequeña… No me hables así… Si pudiera decirte aún más, si pudiera decirte lo que siento ahora… Pero no es correcto.

Él tomó con la mano izquierda la manija de la puerta para salir corriendo.

-Usted me gusta tanto… (Any bajó la mirada casi rendida)

-¡Amor mío, no me hables así! Ken soltó la manija… Cerraba los ojos, luego los abría, se acercó a los labios de Any con temor.)

-Mírenos… ¡Ahora no sabemos cómo actuar! Leemos tanto de amor y no sabemos qué decir ni qué hacer… (“Vamos, bésame” Decía Any en sus pensamientos… “Si no lo haces me sentiré como una tonta”)

Y como si le hubiera leído la mente, Ken respondió…

-No, pequeña… Antes de que nuestros cuerpos puedan escribir algo de los dos al tocarse, tenemos que aceptar esto… Lo siento, pero yo no puedo aceptarlo…

-¿Por qué?, Profesor Ken… Al principio tu forma de cuidarme me agradaba porque me sentía protegida pero después yo no quería sentir eso, una parte de mí no quería al “Padre adoptivo” que todos mencionan. Yo… Yo quiero… 

Ken la miraba atento mientras ellas decía todas estas palabras, tenía esa sensación en el estómago que lo hacía sentir nervioso y enamorado, pero antes que eso, las palabras de Any lo estaban preparando para lanzarse sobre ella aunque su prudencia le amarraba las manos y los pies con mucha fuerza.

-¡Calla por favor! (Dijo Ken con los ojos enrojecidos y la voz más que débil)

-Lo que quiero es conocerlo… Quiero conocer a Ken…

De repente Any se acercó a él quedándose a dos centímetros de sus labios.

-¡Amor… Muero por besarte! (Dijo el profesor, su respiración casi parecía estar hiperventilando.)

-Sólo tiene que acercarse un poco más…

Él lo hizo, se acercó más hasta que tocó sus labios con suavidad.

Any tocó su rostro con la mano derecha y lo besó con más intensidad provocando que su profesor atendiera el beso sin temor… Ella no sabía cómo besar pero era como si el instinto se lo mostrara… No estaban preocupados por el tiempo a pesar que ya era tarde… ¿Qué estoy diciendo? Ni si quiera sabían qué hora es.

Entonces Any al ver que él se detenía se sintió avergonzada, abrió la puerta y salió corriendo del auto con muchas ganas de llorar.

Ken vio su reacción y cómo se fue triste, él adivinaba cómo es que Any podía sentir, aún era una adolescente, le había confesado que estaba enamorada, lo besó pero todo el tiempo él se sintió incómodo… La razón es esa, él es un adulto y ella es sólo una pequeña en la cual él había influido, quizá no lo amaba, quizá sólo se sintió comprometida para no hacerlo sentir mal… 

-¡Soy un estúpido! 

Y golpeó el volante de su auto con furia…

-¡Tengo que ir por ella!

Apagó el auto, bajó y fue en la misma dirección donde Any fue, ella se metió entre los árboles de ese gran parque…

Comenzó a mirar por todos lados y no la hallaba, siguió derecho como a cien metros, salió a un lugar descampado con mucho pasto, desde ahí a su izquierda había un paradero de ómnibus y alguien esperaba pero no podía distinguir quién estaba ahí.

Sintió temor, estaba molesto con él mismo, estaba a sólo cincuenta metro de ella pero fue tarde cuando empezó a caminar.

Un gran autobús plateado con azul apareció de pronto, esta persona se subió y cuando empezó a avanzar la vio, se veía triste, sus cabellos lacios y castaños tapaban su rostro, avanzó hasta el fondo de este transporte y se sentó.

Él vio cómo este se alejó mientras la rabia se acumulaba en su pecho, no era rabia, era dolor porque lo había arruinado. 

Hizo sus manos como puños y así regresó entre los árboles, quería golpearlos con fuerza, quería golpearse así mismo, sus pasos eran constantes, tensos y de pronto no pudo más y el primer árbol que se le atravesó recibió fuertemente un puñetazo.

Sintió dolor y se dejó caer apoyado con su espalda contra este árbol mientras veía su puño lastimado con pequeños cortes en los nudillos.

-Mañana hablaré con ella, le diré que me perdone que no debí besarla, que no debió escuchar esa grabación… Todo fue un error… ¡No! ¿Por qué? ¿Por qué no puedo hacerla mi chica? (Habló en voz baja mientras su tristeza estaba en la garganta)

Ken estaba confundido, una parte de él le hablaba y le decía… “Ella te ama, pueden estar juntos… Seguirán siendo profesor y alumna, sólo tienes que respetarla”

Pero otra voz le decía “Si te quedas con ella tienes que hablar con sus padres, ¿Qué dirán en la escuela? ¿Seguirás siendo el mismo brillante y serio profesor de literatura?

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“Un libro tiene que ser el hacha que rompa nuestra mar congelada” – Franz Kafka

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