Profesor de Literatura Capítulo IV Nada más difícil

-Saquen sus textos, son treinta preguntas, las primera veinte preguntas contienen sus primeros cinco puntos si son bien respondidas y las diez últimas preguntas donde me he preocupado particularmente que sea lo más difícil que hayan hecho en sus vidas completarán el resto de puntos para aprobar.

-Fuentes, ¡Reparte las preguntas!

-Sí profesor!

-Bien, cuando todos tengan las hojas la pueden voltear y empezar, sólo serán cuarenta y cinco minutos desde… ¡Ahora!

-¡Apúrate Mayio! Tira esas hojas…

Todos corrieron para arranchar de las manos de Mayio las preguntas que venían en diminutos papeles largos.

Y el profesor de literatura empezó a copiar en la pizarra lo que parecía un resumen del libro, eso nos dejó aún más confundidos…

-Van a creer que es un acto atrevido el que escriba el resumen del libro pero justo este resumen es el que más circula por Internet lo que determina quién a leído el libro y quién sólo ha leído este resumen. Una de las preguntas les pide el resumen de cada capítulo, el que me escribe palabras que están aquí en la pizarra, lo voy a desaprobar sin leer el resto del examen. ¡Gracias por su atención, voy por un chocolate caliente!

Este profesor era extraño, tenía una pequeña locura insertada en su cerebro, y es algo que le hace sentir la necesidad de destruir a sus alumnos, me agrada porque estaba acostumbrada a los mismos profesores desinteresados de siempre, a este en cambio le gusta enseñar.

Terminé el examen como pude después de cincuenta minutos que fue lo que tardó el profesor de tomar su chocolate mientras leía su libro “Cien años de soledad”

Fue un lío aquél momento el de entregar mi examen aún creyendo que podía aprobar con un ocho… Pero el alivio regresó cuando el profesor de inmediato empezó a revisar todos los exámenes y entregarlos, uno de mis compañeros, el más flojo sacó 5.5 y eso me hizo suspirar.

Salí de clase al sonar el timbre de descanso, todavía no tenía nada en mis manos, la impaciencia me hacía alucinar una buena nota y mi pesimismo me hacía llorar. 

Y me perdí, de camino a la biblioteca, se supone que tenía que encontrar un autobús o algo así que me iba a dejar en el paradero pero al caminar me perdí y salí por la facultad de medicina, regresé hasta Ciencias Sociales y luego la Facultad de Educación. Nunca encontré la biblioteca así que regresé al aula.

Al llegar me encontré con Laura…

-Any te estaba buscando el Profesor, creo que estás en problemas, quería hablar contigo.

-¿Y ahora qué hago? ¿De qué querrá hablar?

-Seguro de tu matrícula o de tu código en su clase.

-¡Ay no, tengo miedo! Ese carácter que se maneja… ¿Qué hago?

-No lo sé, deja de ir.

-No puedo hacer eso, su clase me gusta.

-Pero no estás sumando créditos, ya olvida la clase.

-No puedo, me esforcé mucho para ese examen.

-Entonces habla con él.

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Recuerdo esa conversación con Laura hace unos días atrás cuando todavía no existía en esa clase de Literatura pero ahora que el profesor me ha descubierto creo que no puedo hacer más que dejar de ir.

Lo único que traigo en mis recuerdos son esas palabras “… ¿Quién eres?…  Sé perfectamente que eres una infiltrada… Una ajena a mi clase… Conozco a cada uno de mis alumnos, conozco cada rostro, mueca, lápiz mordido y cualquier problema de matrícula que haya ocurrido en las oficinas de la escuela de Literatura”

Aún me duele el estómago al recordar el tono de su voz resonando por todos los vidrios del aula con unos tres o cuatro chicos distraídos y a punto de salir.

Era miedo de un reporte o de una expulsión, era miedo de pasar vergüenza… ¿QUÉ MÁS PUEDO PENSAR? ¿Una raya más al reglón?… Traía todo eso de la escuela y la dirección, a mi mamá en la cabeza gritándome, traía una expulsión anterior por llevar tronadores a la hora del recreo en secundaria, dos semanas sin poder ir a mis clases favoritas y tener que correr para ponerme al día, un informe de mala conducta en mi último semestre. Una chiquilla tonta…

¿Cómo iba a esconderme? Porque es cierto que usualmente no lo he visto por los pasillos con ese rostro placentero de destrucción y astucia… En fin.

Fui hacia la copiadora debajo de las escaleras, quería conseguir alguna lectura interesante, una obra distractora, algo clásico y elegante.

¿Un reto? Algo como “Don quijote de la mancha” con cinco tomos gigantes, o quizá algo cursi de William Blake, o más antiguo como Rostand, había escuchado también de Oscar Wilde… Lo único que quería era tener un libro en mis manos y seguir sola en el gusto que tenía.

Llegué a la copiadora (Que por cierto también vendía novelas, libros antiguos, y te alquilaban obras literarias selladas por la facultad)

-Hola, buenos días, ¿Tienes algo de William Blake? o ¿Tienes quizá algo de Rostand?…

-De Rostand sólo tengo “Cyrano de Bergerac” aunque creo que esa es la única obra que se publicó… La tengo en prosa ¿Está bien en prosa?

-Mmm no lo sé… ¿Tienes algo de Oscar Wilde?

-Tengo varias, ¿Cuál quieres?

-No lo sé… ¿Me recomiendas una?

-El gigante egoísta, una casa de granadas, el famoso cohete… 

-¿Algo romántico?

Entonces el chico se quedó viendo a mi lado derecho como si alguien estuviera muy cerca de mí y querría hablarme o peor, querría reclamarme…

Pasé saliva y le pregunté al joven con mucha cautela acercándome más hacia él…

-Is there a teacher behind me?

El joven abrió los ojos y asentó con la cabeza… Entonces…

Una voz cerca a mi oído me respondió…

-Yes there is a teacher behind you, and it’s Literature… ¿Miss Bautista?…

Puso de golpe delante de mí, el examen de literatura con un gran “7” y un círculo rojo.

Me asusté y subí los hombros como si ellos fueran a cubrir mis orejas… Luego volteé a saludar

-Hola, profe…

-¡Qué manera de hablar!.. Parece que faltó a la última clase pero sabiendo con exactitud que usted no es de mi clase entonces podría preguntar ¿Por qué viene a mi clase, Srta. Bautista? ¿Por qué participó de la prueba escrita? ¿Por qué leyó el libro?.. Ahora mismo tengo inscritos a cuarenta y cinco alumnos de turno mañana para el curso de Literatura de segundo año y usted es una alumna de integrado para la escuela de Comunicación que está suplantando los cursos a los que debe de ir.

-No, no los estoy suplantando… Yo… Yo sólo voy a su clase porque me gusta… (Bajé la cabeza Mientras nos movíamos con pasos lentos hasta la esquina de la copiadora)

El profesor tomó su maletín y lo colocó sobre el mostrador, también sostenía un par de hojas impresas… Tenía esa voz gruesa que me asustaba con esa picardía y astuta forma de hablar como a punto de entrar  a un debate y ganar.

-Es una falta entrar a una clase que no te corresponde…

(Por más que quería no pude aguantar que mi recepción de emociones me dejara al descubierto con mis ojos empezando a llenarse de lágrimas y un nudo en mi garganta por la preocupación)

-Lo siento, no iré nunca más… (Bajé la mirada)

-Mmmm… (Se cruzó de brazos) ¿Vas a explicarme qué es lo pasa o vas a ponerte a llorar? ¡No me gusta cuando los alumnos lloran así, por favor, no lo hagas!

-Yo… Me gusta la literatura, me gusta mucho escribir y leer, es un pasatiempo que nunca he dejado… Voy en la carrera de comunicación porque quiero hacer teatro o ser periodista o hacer películas, me gusta hacer guión, me gusta mucho escribir y las clases que tuve en la secundaria no fueron suficientes y si pudiera averiguar por mi cuenta a veces me da flojera… Yo vi una clase interesante de dónde aprender el tema… Al principio no sabía que no era mi clase pero al enterarme de la realidad tomé la decisión de suplantar a una compañera usando su código… 

-El código de Laura, lo sabía… Conozco los códigos y las caras y sabía que no estaba viniendo a clase. Como te dije, con otro profesor habría sido fácil pero conmigo no. Engañarme es tan difícil como sacar un diez al final del semestre en la escuela de Literatura… Donde por cierto, yo soy el coordinador general y realizo los exámenes finales de cada año hasta la graduación… No me gustan las mentiras, Srta Bautista. No me gustan los alumnos que me quitan el tiempo con tonterías y asisten a mi clase para intentar sabotearme…

-No… Yo no… ¡Ya no voy a volver, lo prometo! (Estaba asustada)

-Mmmm… Ay algo más…

Mi mirada no podía estar más abajo..

-Diga…

-Hace más de tres años que un alumno ha sacado “siete” en la primera prueba escrita de mi clase de segundo año. Usted ha sacado “siete” Me ha sorprendido… Sobretodo el que no tenías ningún deber de estudiar ni de dar el examen, igualmente pasó en el caso de la clase de métrica y el poema…

Alcé mi mirada, es más… Sólo alcé un ojo y lo vi sonreír…

La tensión se fue, y me relajé, luego dije:

-Gracias… Fue aquél día que supe que no era mi clase, el día de la métrica y la poesía. (Bajé la cabeza de nuevo)

-No me agradezca, por eso vine y personalmente le entrego su prueba escrita. No quiero quedarme con nada de los alumnos.

-Gracias… (Le sonreí con mucha humildad y pena)

-También quiero darle esto… 

Miré sus manos y eran las hojas impresas, no sabía qué era hasta que las puso sobre mis manos con delicadeza.

-¿Qué son?

-Estos son las clases que se perdió por faltar…

-¿Puedo seguir yendo… Profesor?

-Sólo si me promete ser mejor de lo que ha sido hasta ahora… 

-Sí… Claro que sí… 

-Entonces yo prometo asesorarle todas las veces que quiera, pero déjeme advertirle que habrá ocasiones donde no podrá venir. Traigo invitados a algunas exposiciones y estos interrogan a mis alumnos, si estas personas se enteran que usted no es de mi clase me meteré en problemas, entonces para evitar eso puedes venir a la sala de profesores y te dejaré otras actividades individuales como mono-grafías, trabajos de investigación, libros y ensayos. 

-Gracias por no echarme de su clase. 

-Ah, también otra petición. Serás la encargada para sacar las copias que necesite en el aula. Una responsabilidad grande con otra responsabilidad grande… ¿Está de acuerdo?

-¡Vale, está bien!

-Hasta mañana señorita Bautista.

-Hasta mañana, profesor.

-Ah me olvidaba… Lea la obra de Edmond Rostand pero en verso, le agradará más.

-Ok. ¡Muchas Gracias!

Se despidió y me acerqué al mostrador para pedir el alquiler de la obra de Rostand en verso.

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“Dad gracias a Dios por haberme concedido un alma lo bastante razonable para no creer todo lo que dice todo el mundo, ya que todo el mundo puede decir de todo. Si no fuera así, habría aplicado a vuestra bilis un antídoto más sólido y potente que el discurso”  – (Cyrano de Bergerac)

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