No Vio Cap 6

 

 

 

 


Y de un instante a otro mientras Hermione sentía la piel del mago y veía, Snape la alzó desde los muslos, la pegó a su vientre para llevarla a otro ambiente más privado, el mismo lugar donde dormía.

La besó por más tiempo, muchos minutos más, de caricias con su lengua que perseguía la de la chica, luego se enredaba con ella y absorbía el dulce de sus labios.

Acomodó el cuerpo de ella sobre una cama no tan angosta, distinta a donde ella dormía.
El mago le quitó con ambas manos su delicada trusa y tomó de nuevo su bombeante cuerpo largo para acariciar aquella zona caliente de la chica, cada lugar, cada centímetro para rozar su humedad y subir para deslizarse mejor en su juego.

Estaba sobre ella, sin aplastarla.
Deslizó la punta una y otra vez mientras veía el gesto de esa jovencita.
Estaba tan roja, su boca rosada se abría, su cuello largo y hermoso se ponía tenso, sus manos intentaban sujetarlo del pecho y con desesperación acercaba su pelvis a él.

Entonces Snape durante el juego de rozarla ahí en ese lugar mágico, encontró por dónde se tenía que…

—Ah, lo encontré —fue como si hubiera ganado un premio, la voz grave, agitada, deseoso de hacer, frente a ella, los hizo exaltar aún más

La joven alumna estaba empapada, lista, con ganas y mientras más empujaba el mago, ella le permitía entrar.

—¡Cielos! —dijo rendida lento en tropiezo, ya tenía los párpados apretados y la boca abierta.

Al principio fue un poco complicado para Snape, las dos primeras veces hasta que después de otros segundos pudo lograr toda la unión.

Entró hasta donde el cuerpo de esa chica le permitió.

—Ah —dijeron al unísono, él muy grave y ella agudo. Ya habían pasado el límite en todo sentido, seguir no podía ser malo, al contrario.

Se enroscó en ella con sus brazos, la apretó sobre la cama dejando caer todo su peso y ella lo abrazó con las extremidades inferiores por las caderas.

Snape se movía sobre ella pero cada vez hacía el movimiento más intenso y ágil, lo que provocó que ella empiece a cantar una preciosa tonada de placer justo debajo de su oído izquierdo.

Eso le encantó, el pocionista quería tener aquello una y otra vez si se podía. Era imposible describir el gusto, lo profundo, lo suave y caliente, la presión y descanso que sentía, cómo se clavaba aquella voz delicada en su cerebro y estómago, cómo le gustaba que Hermione corresponda sus besos torpes mientras juntaba su pelvis a ella.

Unos minutos después, quizá quince o veinte de explorar su cuerpo y no frenar sus movimientos, la joven se hizo muy roja, soltó los labios de Snape y gimió aún más alto pero entre cortado y sutil, como en un quejido inentendible el cual provocó que algo inunde su cuerpo desde la cabeza hasta sus pies. Pudo notar que aquella voz en cada suspiro subía de tono y le hacía erizar todo frente a él.

Hermione sabía que que era su final pero este era largo, no como cuando lo hacía sola.

—Es indescriptible —Snape susurró lento en el rostro de su alumna—, ¿Has culminado? —agilizó el movimiento y empezó a darle el doble de estocadas por cada segundo.

—Sí —la chica casi no podía hablar. Era cruel el mago para hablarle en ese instante de tortura y placer.

El pocionista se acomodaba para besar sus labios y luego volvía al ritmo violento y ágil de su pelvis sin lastimarla, sólo quería ser agil.

—¡Oh Merlín! —dijo el mago, sentía que le subía la presión arterial pero no detenía el ritmo sino que aumentaba la velocidad —¿Puedes hacerlo de nuevo? Aún puedo aguantar más tiempo, Granger, inténtelo

Ella intentó abrir los ojos pero no pudo, sólo escuchó con atención y respondió.

—Sí, sí puedo —Hermione empezó a tocar su cuerpo y él se alejó porque sentía que le estorbaba un poco con su torzo, se hizo atento mientras sus movimiento en ella seguían constantes, podía verse así mismo cómo se pegaba a ella y todo el largo de su intimidad se escondía con extrema comodidad, como si ella hubiera sido creada exactamente para él, su naturaleza era preciosa y verle el rsotro le encantaba.

Pasó saliva al ver la inercia en el cuerpo de la chica, sus hermosos pechos. Él provocaba que se mueva hacia arriba y cierre los ojos en exagerado placer, el rostro de Hermione empezó a ponerse rojo de nuevo y entonces vio cómo ella abrió la boca, encorbó la espalda y perdió su mirada la cual antes estaba en sus ojos negros. Él le había ayudado a llegar otra vez en su constancia y precisión mientras ella se tocaba.

—Oh, muy bien —Snape dijo débil, le encantó que lo hayan logrado, aquél era un sueño particular bien cumplido.

Snape aceleró el movimiento con una respiración cada vez más entrecortada, hasta que no pudo resistir y dejó salir lo que se había acumulado en su pecho. Cerró los ojos por lo intenso, era un dolor y placer extraño al mismo tiempo, tensión que se esparce por todo su cuerpo, muy inexplicablemente hermoso.

Hermione tomó la mano del mago y la abrazó en su pecho, pensaba igual que él, que no había pasado por algo tan intenso jamás, en un entendimiento perfecto.

***

Horas después todo el cuerpo desnudo de la estudiante se mostraba delante de Snape como un individuo ajeno al ambiente, ese delicado ser era un contraste alto en comparación con todo el lugar  sombrío y gris. Su piel rosa muy claro y sus cabellos eran impresionantes y fuera de su realidad.

Se sentía muy agotado y no sabía que decir. Por eso rogaba que la joven no despierte aún.

Quizá esperó por una hora o más y esa bella compañía no quería salir del sueño y comodidad que la sostenía. La jovencita se aferraba a su almohada personal como si fuera suya, su respiración tierna era lenta y suave, definitivamente estaba dormida.

A Snape se le ocurrió hacer algunas cosas, entre ellas, tomar una tijera al atraerla con el hechizo accio, acercó el filo a la cabeza de la alumna y le recortó un mechón de cabello castaño claro para luego colocar este en un cajón bien resguardado, al lado izquierdo de su cama.

***

Al pasar otras dos horas, él era el que estaba dormido y ella veía el techo acurrucada entre sábanas blancas, incluso tomó la almohada de Snape y se cubrió la cara, se arrimó cómoda más a su piel pálida porque tenía ganas de que la abrace.

Snape la tocó por la cintura, sin embargo no la brazí, si no que le pasó la voz.

—Granger, Granger —habló dos veces después de que ella lo despertó al moverse, de golpe.

—¿Mh? ¿Qué sucede? —fue lenta y con sueño, no fingía.

—¿Piensa quedarse aquí para siempre? —suspiraba de sueño. Hablaba más lento que de costumbre.

—Pues tú no me has pedido que me vaya, Severus.

—No haré eso —su voz era similar a ella, en susurro y gravedad, como recién despiertos.

—Entonces no me voy, en todo caso quiero que me lleves a mi habitación. Porque mis piernas se sienten débiles y tengo mucha sed.

—Si no me dices qué quieres ¿Cómo puedo saberlo, Granger?

—Lo mismo digo —giró y lo miró de frente—, ¿Por qué no dormimos una hora más, profesor?

Snape entre cerró los ojos en acusación, pero estaba cansado y asintió.
Le dio la espalda para seguir, sin embargo la chica tomó su mano grande y blanca y lo obligó a que la abrace por la espalda. Él aceptó e hizo así.

Snape empezó a hacer exactamente lo que ella pedía porque creía que debía seguir su juego antes de que termine con una llamada de atención o arrepentimiento.

Ambos intentaron dormir un poco más, pero era imposible hacerlo, sus cabezas se llenaban de dudas, de preguntas, de no saber qué pasaría ahora en adelante con el respeto. Bueno, esa era la preocupación de Snape, porque esta mujer ya era un poco insolente.

Por eso cuando ella se levantó de la cama, él la vio atento, se apresuró a tomar su varita y colocar al pie de la cama cada prenda de esta chica para que pueda vestirse rápido, estas prendas estaban limpias y perfumadas con el olor de esa habitación inundada de menta (el olor de él) y vainilla (el olor de ella).

Snape no se movió ni dijo nada, sólo observó el rostro de la chica muy atento a lo que quisiera decir, sin embargo, Hermione no dijo nada.

A veces mientras abrochaba los botones de su blusa o se ponía los zapatos, dejaba escapar sonrisas suaves y avergonzadas sin mirar los ojos de Snape, mantenía una postura humilde y relajada cuando este hombre la observaba.

—Venga cuando quiera —soltó el mago con voz grave y seca.

La chica se detuvo en la puerta, antes de salir. Giró y vio a Snape a los ojos.

—¿A su habitación? —dio pasos hasta estar junto a la cama, de lado donde Snape se sentaba cubierto hasta la mitad, con las sábanas.

—Donde quiera, aunque me refería a que leyera en la madrugada las anotaciones que le encargué leer —Él estaba serio, una piedra, como si no hubiera pasado nada. Sus ojos hicieron un paseo en todo el cuerpo de la chica y luego subió hasta quedarse clavado en sus ojos cafés.

Granger asintió, sonrió suave al ver el cabello de Snape, se atrevió a tocar su barbilla cuadrada y pasó sus dedos para comprobar que la barba volvía a nacer, esta textura en su rostro cetrino, le encantaba. Lo había tocado ahí mientras este dormía y estaba fascinada con la mandíbula de Snape, más cuando este hablaba.

—Lo que tú digas —no era broma, se escuchó sincera.

Después de eso le dio un pequeño beso en los labios que él alargó un instante, ella correspondió pero se alejó lo más rápido de ahí.

*

Al caminar hacia el baño cerca a su torre se metió como pudo a un lugar oscuro y empezó a escribir con la mente, le dictaba a la pluma, abrió la ducha y dejó caer agua tibia sobre su cabeza y cuerpo, pensaba que ya no podría sacarse de la cabeza a Snape, ese acto que se repetía una y otra vez.

***

Tres tardes después esa joven agotada, con una bolsa colgante en su hombro derecho y sentada en el pasto junto a sus compañeras, se perdía en sus cursos y en la piel cetrina del cuerpo del pocionista en sus vívidos recuerdos.

—Herms —le habló Mónica con curiosidad.

—Hermione está muy distraída pensando en su novio Snape —Padma bromeó como lo hacía Ginny y Mónica.

Granger despertó del trance y lo único que hizo fue preguntar:

—¿Qué sucede? —seguía distraída, en sus manos estaba su varita. Alzó la mirada y esperó paciente mientras las otras la acusaban con la mirada.

—Dijo Padma que estás pensando en tu novio Snape —bromeó Mónica en el tono que solía.

Mientras tanto una figura alta y oscura se acercó hasta estar detrás de la chica, no porque la vigilara sino por casualidad, sostenía sus brazos cruzados por el pecho y miraba atento a la alumna que dijo esa locura.

Completamente todas las chicas empezaron a sentir un malestar repentino en el estómago por los nervios y la culpa de molestar a Hermione con él.

—¿Snape? ¿Es mi novio? Pues no lo sabía ¿Ustedes sabían? —su voz sonó sarcástica.

Ginny empezó a tartamudear.

—Mónica sólo molestaba, Hermione, estás muy distraída.

—Ya les había dicho que no podría ser jamás la novia de Snape… —analizó eso con cuidado mientras que su debilidad hacía chocar imágenes de ellos juntos en la cama, al principio era suave pero después el ataque era intenso, le hacía sentir como con fiebre—, él nunca aceptaría ser mi novio ¡Están locas! ¡Son unas ociosas, deberían pensar en sus estudios!

Snape alzó una ceja y no dejó de cruzar los brazos. Se metió en la mente de Mónica y la obligó a preguntar otra vez.

—¿Por qué no podrías estar con Snape? —la joven estudiante estaba nerviosa, eso era lo que le dictó Snape.

—No, nunca, no podría porque él no querría.

Snape carraspeó e hizo rostro amargado.

Hermione presintió que la atacaría un pequeño derrame cerebral por el susto.

—¿Usted me ha preguntado si quiero ser su novio, Granger? —silabeó lento y pronunció aquella palabra con desdén.

Todas las chicas se quedaron sin oxígeno al no poder lograr hacer que pase el aire a sus pulmones.

—Ah… Ah, yo… Es que ellas… Siempre insisten en el tema… Porque usted y yo caminamos juntos por el corredor… Lo siento, señor.

Snape miró a las chicas con ojos de lobo vengativo, alzó una ceja y se aseguró que no hayan profesores cerca para lanzar sus dardos.

—Granger, usted no se atrevería a pedirme aquél absurdo… —hizo silencio algunos segundos para posar sus ojos negros en cada uno de los pares juveniles—, aunque yo le diría que sí… —dijo en lento silabeo, pensó más en qué añadir y quiso hacer un escándalo a propósito—, Usted es más inteligente que esta bola de ociosas. Así que… Señorita novia, la necesito en dirección ¡Ahora!

Las jóvenes Gryffindor temblaron por el semblante en el rostro de Snape, que parecía quería incinerar el patio como un dragón furioso y enchamucado.

—Ya voy, señor —su tono era reverente, con temor.

Hermione siguió al mago un paso detrás de él hasta que ambos se perdieron en la primera escalera que dirigía hasta dirección.

Snape se detuvo de golpe y le habló.

—Estará de acuerdo conmigo en que frecuentar a esas chicas es una pérdida de tiempo.

—Le doy la razón —se relajó al estar a solas con él—, intentaba estar distraída, algo que no hago seguido. Debería estar en los cursos y los libros pero… No puedo, hoy quise cambiar la rutina —le habló con suavidad, con voz baja y modulada, con toda confianza. Había decidido estar tranquila al dirigirse a Snape.

—Mh, bien…

—¿De verdad iremos a dirección? —la chica quería saber.

—No pensé que me seguiría hasta aquí, Granger —Snape giró y la miró.

—Ah entiendo, fue para librarme de lo incómodo —la chica se sintió bien, sonrió al mago con suavidad aunque este hombre sostuviera una cara de pocos amigos, que le daba igual todo.

—Así es, debo irme Granger.

—Sí, está bien —dijo ella aún más natural.

Parecía que cada uno esperaba algo del otro, eso creía la chica, aunque la realidad es que Snape no esperaba nada de ella.

El mago empezó a dar pasos pero la chica lo detuvo con la voz.

—Podemos… ¿Podemos conversar, después?

Snape asintió sin ver su rostro.

—Y podemos… ¿Puedes a las nueve en la torre de astronomía, la siguiente noche?

—Mejor en la sala de menesteres, está en el tercer piso, Granger —el noventa por cierto de las veces era claro y serio. Sobre todo centrado.

—Está bien, así quedamos… Eh… Nos vemos después… —la chica no se atrevía a dar pasos hasta él, tomar su rostro y darle un beso y Snape menos lo iba a hacer porque no le pasaba por la cabeza continuar en ese juego de ella.

Él pensaba eso, que todo había sido un juego de ella que pudo o no haber complacido.

***

El día que siguió ella estaba mortificada porque en su mente estaba decirle que lo olviden, que hicieran como si no hubiera ocurrido nada y pensó tanto en ello que hasta tuvo un sueño largo y desafortunado:

///

Ella se veía así misma preocupada, usaba el giratiempos como todos los días cada dos horas después de haber meditado el momento exacto en que ocurrieron los besos, en que decidió acercarse a este hombre frío, tocarlo, seducirlo, jugar con una situación que le hacía estar fuera de sí, guiada sólo por el control fuerte y creciente de sus hormonas juveniles o simplemente sentir un repentino desfogue de cariño.

Todo ocurría con normalidad, coordinó con ella misma esa tarde clara y resplandeciente, quizá más blanca o amarillenta que otros días de invierno. Decidió interrumpir el camino de la otra Hermione después de escribir una nota de su propio puño y letra, casi inentendible, para distraerse.

Ella se reemplazó esa vez con la Hermione del pasado, cambió ese buscar a Snape para que deje de parecer un zombie muerto y sin vida, no lo besó, no le coqueteó, sólo le dijo que lo admiraba, que lo respetaba y le daba completa lealtad.

Él sorprendido de todo lo que ella dijo, respondió con un “No comprendo”

Lo dejó solo y pensativo, con ganas de utilizarla más en sus planes de proyectos futuros y doctorado de pociones.

Pero había algo que ella no sabía, y es que el pensadero de Dumbledore lo tenía él, todos esos recuerdos con ella, antes de que Hermione retrocediera en el tiempo, ya navegaban en esa espesa niebla gris y blanca del recipiente mágico y potente, escondidos recuerdos en botellas mágicas que eran difíciles de quebrantar o reemplazar.

En esa pesadilla, tiempo después estaba arrepentida de haber borrado esa circunstancia en su vida, una circunstancia significativa con Snape.

///

Al despertar de ese profundo sueño raro, terminó de estar decidida para reunirse con Snape y ser sincera con él, que prefería olvidar todo lo ocurrido, volver a no dirigirse la palabra y muchas otras cosas que podían suceder después de un alejamiento tonto.

Sí, tonto, ya que él no había reclamado nada sino que era ella la que quería saber qué pasaba.

*

Así decidió llegar puntual, esperar dentro de la sala de menesteres y verlo a Snape de frente con ese rostro serio de siempre y el adorno de curiosidad desinteresado. Algo que sólo este hombre podía lograr al uso máximo de ojos fijos y boca cerrada.

Snape la quiso escuchar, el silencio qué los rodeó por algunos minutos mientras estaban distraídos en objetos de lugar incinerados o de acero, fue un vacío sepulcral.

—¿Cómo estás? —se atrevió a decir la chica.

Él sostenía rostro concentrado, la altivez de siempre y el aura oscura que atraía el invierno a donde fuese.

—¿Cómo está usted, Granger? —fue obvio al no querer responder y preferir que ella diga cómo estaba.

—Yo bien, un poco cansada por usar tanto el giratiempos, leer más de diecisiete horas al día y tratar de hacer buenos ejercicios prácticos en el curso de defensa, es difícil.

—Bien, necesita descansar, esa es la salida… —Snape se portaba como siempre—, ¿Qué era tan importante, qué me iba a decir? —atacó para ir al grano.

—Yo… —dudaba de decir lo que su cabeza le decía porque su corazón no estaba afectado en ningún sentido y se notaba a mil kilómetros que Snape no iba a pedir absolutamente nada de ella,  nada más lo que ya había sido expuesto días antes acerca del trabajo en conjunto.

Severus esperó hasta dos minutos y vio que ella parecía ahogarse en un vaso de agua fría. Se decía en la mente “Definitivamente es una niña“. Porque un día antes de encontrarse con ella se había preguntado si su alumna de casi veinte años, le reclamaría algo por lo que sucedió en su habitación, si le exigiría que asuma alguna responsabilidad o acepte algún compromiso con ella.

A él le daba igual y haría exactamente lo que ella quisiera, pero si esta se lo decía segura y decidida. Era como si él quisiera lavarse las manos de toda responsabilidad y necesitaba escuchar algo coherente de su joven alumna, no sólo juegos o caprichos.

—Ya que no sabe qué decir… —miró su reloj y metió la mano en su capa mientras le daba la espalda a esa joven mujer—, le traje esto —dijo a Hermione viendo sus ojos con seriedad, quiso entregar el objeto con cuidado sobre sus delicadas manos.

Caminó unos pasos más hasta ella, sostenía su postura usual y altiva, le estiró su mano derecha para entregar una bolsita de tela de aproximadamente doce por doce centimetros lleno de caramelos de menta, los que posiblemente tenían revitalizante.

Hermione no esperaba ello, le pareció impredecible, extraño, sorprendente que él le diera algo y ella no tuviera nada para intercambiar ni si quiera por simpatía.

Sonrió con ternura, porque eso fue lo que sintió su joven corazón.

—Ah… Muchas gracias, no he traído nada para ti… Perdóname —se disculpó con cuidado, sonrojada al máximo.

—Puede darme algo… —Snape la miró a los ojos con más seriedad que nunca—, puede decirme para qué me citó aquí —cruzó los brazos por el frente y tomó de nuevo postura altiva.

—Bueno, yo… Quería, no sé cómo decir que… Pues que no me arrepiento de lo que sucedió… —intentó subir la mirada, pero el calor de su frente, mejillas y cuello, no le dejaron y se quedó atenta a la bolsa de tela que estaba en su mano izquierda.

—Mh hum, ¿Sólo era eso? —Snape soltó con tono exigente aunque su voz no fue en tono alto.

—No, también quiero saber si tú sí sientes arrepentimiento. Porque quizá rondó en mi cabeza que si estabas incómodo, entonces podíamos olvidarlo y seguir con lo que tenemos que resolver en el futuro.

—No exite arrepentimiento en mí, ni incomodidad, señorita —contestó rápido—, considero que fue satisfactorio y recreativo.

—Y… ¿Puedes olvidarlo? —preguntó rápido.

—¿Por qué olvidar, Granger? Sea clara, no perdamos el tiempo —exclamó ya no tan paciente.

Hermione sonrió con nerviosismo.

—Lo único que quiero saber es que si ha afectado algo en ti, pero veo que no —alzó los hombros y apretó los labios resignada—, veo que sigues siendo el mismo hombre frío de siempre —exclamó pero él no se inmutó. Después ella sonrió amigable y rendida.

Hermione asintió como para decir gracias, se dió media vuelta y quiso salir de ahí. Después de unos pasos hacia la puerta que estaba desaparecida, Snape la interrumpió.

—No soy frío, Granger… —pensó en qué decir—, mi corazón bombea a ochenta veces por minuto en este instante, soy un hombre posiblemente normal.

Hermione se hartó de esa actitud pensante.

—¡Lo único que quiero es… ser tu amiga! —caminó de un lado a otro, desesperada—, pero tú ¡Ag!, Me vuelves loca.

La chica ya estaba arrepentida de todo, de haberlo citado ahí y decir eso, pero su voz no subió a un tono incómodo, más bien sonaba a que empezaba a darle igual.

—Si desea puede ser mi amiga —dijo como si le siguiera la corriente a esa niña que no era una niña, pero para él lo era, una niña de casi veinte años que no sabía nada de la vida.

Hermione rodó los ojos y resopló dos veces.

—Bueno, gracias… —caminó hacia él, lo jaló de la solapa con cuidado para que se incline a ella. Le dio un beso en la mejilla como despido—, buenas noches, Severus.

—Buenas noches, alumna.

Después de ver cómo lo dejaba solo esa jovencita, una de sus manos subió a su barbilla.

Esta alumna es muy extraña.

***

Las siguientes semanas ella se apresuraba a terminar de leer el diario de Snape con más apuntes escolares, esa enorme repisa llena de textos escritos a mano con las anotaciones estudiantiles de un joven,  los cuales también contenían secretos de su vida pasada.

Por eso al llegar a fin de mes ya había terminado la primera cara del librero.

—Lo acabé de este lado —miró la repisa con orgullo, sostenía sus manos por la cintura—, es increíble que una persona escriba tantas anotaciones y experiencias, Sanpe.

—Escribir ayuda a retener la información —indicó Snape desde su escritorio—, Bien, ahora siga con el otro lado —como siempre estaba en sus cosas, distraído, y sin ganas de hablar.

—¡Eres un pesado! Pero no me aguarás la fiesta, porque me entregas mi casa este sábado donde podremos mudarnos pronto.

—¿Me dejará usar su sótano como laboratorio de pociones? ¿Ya pensó bien en eso, Granger? —Snape escribía afanado con el tintero a un lado.

—Sí, Severus, cuando quieras, total que aún te debo diez mil monedas de oro.

—Le dije que si me ayudaba en la investigación entonces no quedaría saldo alguno. Usted puede aprovechar a usarlo en su currículum. Trabajar en una investigación como esta es importante para cualquier alumno.

—Sí ya sé, me lo has dicho mil veces en estas dos semanas —aún disfrutaba de ver el librero, sonreía con amplitud muy agotada y luego pensaba en comer una hamburguesa de lentejas—, vamos a Hogsmeade, te invito a cenar, señor pocionista amargado.

—Cené a las ocho, Granger.

—No seas así y acompáñame —lo miró con sus juveniles brazos cruzados por el pecho, tan igual como Snape solía hacer—, si no me acompañas te daré algunos besos.

Snape cerró el cajón de sus correcciones después de guardar con paciencia excesiva.

—Hace mucho que no lo hace, prefiero los besos a que me vean en Hogsmeade con usted y ponga su vida en peligro —estaba aburrido, era un hombre sin emociones definitivamente, enojado quizá o su cara ya era así.

—Ay ay ay, a veces me olvidó que eres como con una mandrágora. ¡Relájate!

Acercó su cuerpo al mago y le dió un beso en la mejilla.

Snape se dejó dar esa muestra de afecto insignificante, ya se había acostumbrado a esos saludos eufóricos y extrovertidos de la chica.

¿Ya le podía decir “su amiga, verdad?

—Iré con el profesor Black, ya que tú no quieres venir —quiso provocar a su nuevo amigo.

—Black está comprometido —ignoró a la chica de nuevo y se acercó hasta sus diarios de la escuela—, él dará mal testimonio si lo ven con usted, Granger.

—Yo sólo quiero ir a comer algo —aclaró suave—, iré directo a la calle donde hay restaurantes, frente a donde venden ingredientes, entraré ahí, comeré algo y luego vengo de inmediato —hizo un gesto con sus manos—, ¿Ves? Es fácil y rápido.

—Vaya al comedor, diga a los elfos que va de parte mía y podrá comer algo. Si eso es lo que realmente quiere, ellos prepararán lo que usted pida —silabeó lento, la había estado viendo a los ojos con su usual gesto serio a la hora de explicar algo. Después bajó la mirada a su mano derecha la cual había sostenido un pergamino.

—Severus… —rodó los ojos y comenzó a caminar a la salida—, no quieres que salga del castillo, ya me di cuenta.

—Usted quiere que vaya, y no puedo acompañarla, señorita, tengo una reunión con Hagrid y Minerva en este instante —la miró a los ojos sin creer que le daba explicaciones a esa chica.

—Ah, pues eso me hubieras dicho desde un principio y así no intento manipularte… Bueno… ¿Entonces te traigo algo? ¿Qué quieres que te compre, mago? —Hermione exponía sarcasmo y seriedad, a él le gustaba ese estado en la gente, Snape se comunicaba bien con otro que parecía un zombie.

—Cómpreme un poco de suculenta espinoza y ámbar, también unas semillas de calabaza, tienen que ser cocidas. Cómpreme también… —caminó con paso ágil a una esquina y tomó una pequeña lista—, Esto de aquí, toda la columna izquierda con una raya en el principio, lo demás ya lo tengo.

La chica lo recibió con las dos manos y observó la numeración, una gran lista de cosas en orden alfabético.

—¿Venden todo esto en Hogsmeade? —se acercó a él para saber y señalar con su dedo.

—Sí, si se pone a buscar —le alzó una ceja—, ya déjeme en paz y váyase.

—Bueno… —subió los hombros diciéndose en su cabeza que le traería lo que encuentre porque no tenía tiempo de buscar.

¡Eres un aprovechado! Se quejó en silencio.


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