La Asistente Capítulo III Usa El Uber

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Minutos después las chicas que sentadas en una mesa a unos dos metros de los hombres conversaban de algunas cosas.

En el ambiente había un fondo musical estilo pop y las luces bajas combinaban con las de color giratorias.

-¿Y Oscar ya fue atrás de tus patitas?

-No lo sé, pero me dijo que me explicaría qué era un free.

-¡Ay no!, significa salir con un chico y tener intimidad sin ningún compromiso.

-Sospechaba que era algo así. Pero no me interesa Oscar ni nadie en este lugar.

– Y ¿De donde vienes sí te interesa alguien?

-No, tampoco. No he vivido pensando que eso era algo urgente en la vida. Supongo que eso se da solo, no se busca.

-Tranquila, hay muchos chicos en la empresa.

-Ese es el problema, no me gustan chicos.

-Oh ya te voy conociendo, supongo que te refieres a la edad. ¿Y te gusta tu jefe?

-Sí es buen jefe.

-Me refiero a que si te parece atractivo.

-Mh, me parece que es un hombre inteligente, serio y ordenado, además huele muy bien.

-¿Saldrías con alguien como él?

-Antes que Oscar sí, aunque más probable que esa salida sea de trabajo.

-Pero es muy grande para ti.

-Pues es que me preguntaste que si saldría con él y yo te digo que sí, obviamente ese no es mi interés. Pero sí me parece un hombre interesante aunque poco perturbable. ¿Cuántos años tiene?

-Tiene como cuarenta y cuatro o cuarenta y cinco. ¿Tú cuántos tienes, te ves jovencita, tienes veinte?

-No, tengo veinticinco, acabo de cumplirlos.

-Ahh, Pues varias de la empresa sí vemos lo interesante que es Axel sólo que es demasiado serio, da miedo de que se enoje o algo, más si le hablas. No es gruñón ni nada pero tiene ese carácter que levanta un escudo o un muro alto delante de él, todo el tiempo, es como si fuera inalcanzable, además dicen que amó tanto a una mujer cuando era joven que no encontró una mejor y que por eso prefiere sólo ser él.

-Sí entiendo, quizá por eso no le insistieron mucho para venir. Está bien que se mantenga al margen, los empleados no deben tener tanta confianza con el jefe, no es ético.

-Pero al final vino, y eso sí es bastante raro, seguro en su mesa están hablando de trabajo por culpa suya.

-Sí, quizá. Es muy preocupado en el trabajo y muy admirable.

-¿Quieres más sangría?- Jaz preguntó con la jarra en la mano.

-No, un vaso es suficiente.- Se quedó viendo a la mesa donde estaban todos los hombres de la empresa y exactamente viendo a su jefe quien le recordó el no poder comportarse de forma imprudente como los demás.

“Los mexicanos son atractivos, bueno al menos usted lo es más. Pero, están equivocados aquí, uno nunca debe involucrarse con alguien del trabajo, nunca, ni si quiera en la mente. Son tan raros.”

Sacudió su cabeza y volvió a la conversación de todas en su mesa.

El pensamiento de ella era bastante cerrado como dentro de un molde en el cual se sentía segura. Quien pudiera ver su mente la criticaría mil veces y eso no le preocupaba.

Su problema era que a pesar de que había viajado mucho no conocía de verdad el mundo.

Las horas transcurrieron, y Oscar tenía un plan entre manos, llevar a todas las chicas y dejarla a ella en último lugar para poder acercarse y coquetear, en su auto. Él pensaba que la chica estaría ebria o algo tomada pero estaban realmente equivocado. En la mente de la joven estaba no volver a salir nunca más con ellos, lo había intentado pero fue pesado y se sentía muy cansada.

La verdad del por qué fue el jefe era que le preocupaba la joven, todos conocían a Oscar y sabían que aquel no era tan caballero como presumía.

Axel tenía en la cabeza lo que Luis había dicho, la joven no tenía mucha experiencia en otros trabajos, su forma de hablar era distinta, no tenía malicia, era respetuosa, callada, introvertida, lo más resaltante quizá era que era extranjera, eso la dejaría vulnerable porque quizá para agradar a otros se vería forzada así misma a  hacer o decir cosas que no quiere.

Él mismo, Axel se sentía raro en medio de tanto superficial y simple, aquellas personas las cuales conocía un poco no le eran muy amistosas o si dejaba eso de lado, no tenía nada de qué hablar con ellos, no imaginaba qué podía sentir una joven que apenas conocía un país lejano al suyo, qué podía sentir si un joven tonto intenta cortejarla o quizá si este se acercara a besarla.

Piensa en su mente que con hermanas y sobrinas no quisiera que una joven se viera así de expuesta a un descarado ataque irrespetuoso de hormonas descontroladas.

Nunca miró a la mesa de las chicas, estaba concentrado y serio viendo cómo los jóvenes y compañeros de la empresa hablaban de trabajo, creía que el tiempo se alargaría más hasta que ella se paró y fue al baño, eso sí pudo notarlo. Él lo hizo de igual manera para intentar tener una oportunidad de advertirle, puso un paso casual y tranquilo hacia el sanitario.

Brise caminó entre toda la gente la cual se movía de sus lugares, mesas altas y bailes sin sillas, llegó al corredor, entró al baño de chicas y se miró frente al espejo hablándose en voz alta.

-¡No más, nunca más salgo con ellos, no los entiendo, no es divertido. Esto no es lo mío!

Lavó sus manos, tomó una toalla de papel, se secó y se dio la vuelta para salir, y cuando iba atravesar la puerta vio pasar frente a ella en el corredor a su jefe que entraría al baño, serio como siempre con ese porte importante, recto y estricto.

“¿Qué podría pensar de mí? Debo esforzarme por verme mejor, ya no soy una niña y definitivamente no soy como los otros empleados, no me agrada esto, es incómodo estar aquí.”

No tenía nada de malo compartir con otros una salida, la equivocada era ella que no sabía que ese mundo era diversión para otros, un momento de descanso y socializar.

Se fue hasta su mesa y empezó a despedirse, en lo que terminaba de apretar las manos de los demás varones junto a las otras chicas, Axel llegó para ver qué pasaba.

-¿Te vas tan rápido?- Dijo Oscar desilusionado.

-Sí, tengo que estudiar y escribir.

“Esta joven se siente orgullosa de decir que escribe, buena chica, déjalo confundido.” Pensó Axel que miraba de forma desinteresada la escena cerca de los demás.

-Pero tienes todo el fin de semana para realizar aquello.

-De verdad tengo que estudiar.- Insistió la joven, su tono fue el fin marcado con sutileza.

-¿Y ustedes también se van?- Preguntó a las otras mujeres viendo su reloj, marcaba dos treinta de la mañana.

-Sí es tarde.- respondió una de ellas.

-Yo me tengo que ir, pediré un taxi.- Brise quería salir de ahí, esa respuesta le dejaría resolver su llegada a casa y de inmediato.

-Yo te llevo, las llevo a todas.- dijo Oscar a las chicas.

-Pero George vive cerca de Karolina, que George se la lleve junto a Cinthia, yo voy contigo y Brise.- Dijo Jaz con intensión de salvar a la joven chica de las manos de Oscar.

-Axel, tú vives cerca de la universidad ¿Por qué no te llevas a Brise? Oscar vive lejos, en la GAM.- Dijo Karolina. -Tú la puedes dejar más cerca que Oscar.- La mujer la estaba salvando también.

-Claro, yo la llevo.- Dijo Axel de forma desinteresada pero con un poco de preocupación, de inmediato Brise sintió alivio, lo que menos quería era irse con Oscar o ser la última a la que dejara.

Oscar mostró su rostro de coraje, no podría hacer lo que quería, coquetear con la nueva o por lo menos obtener su número para ver si tenía chance.

Brise tomó su abrigo y caminó guiada de Axel su jefe. Él no conducía, pero siempre andaba en uber.

Se sentía protegida, algo extraño porque normalmente estaba en su pensamiento que estar a solas con un hombre no era conveniente para ella.

-Dame un segundo.- Dijo él revisando su celular esperando su taxi alquilado de forma digital.

El auto estacionó frente a ellos al pasar cinco minutos y los invitó a subir.

El jefe dejó que ella pase primero y él entró detrás de ella. Y fue entonces que un silencio incómodo los acompañó pero ella lo rompió en una confesión de confianza.

-Gracias por aceptar llevarme, señor, no quería irme con Oscar, me causa un poco de temor.

Axel quién veía por la ventana mientras el auto se movía movió sus labios respondiendo de manera prudente.

-Escuché su conversación desde mi oficina, vine porque pensé que no te darías cuenta de cómo es él, a mí no me gusta mucho convivir de esta forma y no creo que vaya a pasar de nuevo, que salga otra vez. Ten cuidado con él, si te hace sentir así es mejor que te apartes, es lamentable pero lo que comentan de él es verdad.- Giró para mirar a su asistente. -Eres una buena chica, ten cuidado con él, ni si quiera le hables si es posible y más cuando estés en la oficina.

-Gracias, Señor. Yo… No saldré con ellos de nuevo, esto no es lo mío, es que intenté entenderlos o comprender su propósito en esta salida pero supongo que tenemos una definición y ejemplos diferentes que expliquen lo que es diversión.- Brise sonrió y él también.

-Son complicados de entender. Pero tú sé cómo eres, Srta Brise.- Volvió a girar para ver por la ventana. -Si te hace sentir más segura puedes usar mi servicio de Uber con tu celular, así llegar o salir de la empresa te hará sentir más segura.

-Oh no señor, muchas gracias pero no puedo aceptarlo.- Dijo sintiéndose comprometida.

-Para mí será mejor que no dejes de asistir a la empresa y tómalo como parte de tu pago, por hacer un buen trabajo.- El auto paró frente a la puerta del campus. Axel extendió su mano y miró serio en los ojos de la joven. -¿Trató hecho?

-OK, trato hecho.- Apretó de forma sutil la mano de Axel. -Muchas gracias.

-De nada, el lunes llega temprano como siempre, te daré el acceso a mi cuenta de Uber.
Pasa un agradable fin de semana, hasta luego.

Brise asintió, bajó del auto y llegó desesperada a su habitación para dormir, sólo quería eso con urgencia.

Lunes en la mañana…

Brise terminaba de añadir los nuevos clientes a las carpetas del archivo y en la computadora, imprimió los últimos documentos que recibió esa misma mañana y caminó hasta la puerta del archivero para colocarlo en el número que correspondía.

Oscar vio que se movió ahí y no perdió oportunidad pero lo que no sabía Oscar es que Brise se encontró sin querer a su jefe dentro del archivero el cual buscaba el número de un cliente.

-Hoooolaaa muñeee…- No terminó de decir la palabra cuando vio semi arrodillado a Axel y a Brise colocar en un estante alto sus archivos impresos.

Axel volteó a verlo con una ceja levantada, el rostro serio el cual Brise interpretó como enojado escrutó y juzgó al joven con cara de queso.

-¡¿Y tú qué haces en el archivero? Ya deja de ser confianzudo y regresa a tu trabajo, flojo!

Oscar sonrió y dejó de asomar su cabezota.

-¡Niño tonto!- Dijo para él aunque con voz alta. -Ahh ¿Dónde está ese cliente?

-¿Cuál busca, señor?

-Busco a Franklin Damaro. Sus textos de metafísica.

-Es el número trescientos cinco.- Dijo al ver el número en su mente por recordar que fue uno de los últimos que ingresó al archivo para actualización.

Axel fue hasta el trescientos cinco y se sorprendió del atino.

-Impresionante, jovencita. ¿Te aprendiste todo de memoria?

-No, detrás de la puerta está el papel que imprimí con la lista, número y cliente además que puede revisar los documentos excel que están en el servidor, se comparte con las tres áreas de la empresa, y bueno, yo sé el número de ese cliente porque lo actualicé la semana pasada, aún lo tengo fresco en los recuerdos.

-Mh, muy bien.- Hizo un gesto con sus manos y dedos formando el símbolo de “👌ok” -Ven a mi oficina cuando termines de hacer lo que estés haciendo.

-Sí, señor.

Después de unos minutos la joven salió del archivero y entró a la oficina de su jefe.

-Cierra la puerta por favor.- Dijo él y ella entró y se sentó en la silla. Empezó a ver a todos lados intentando descifrar la personalidad del hombre. Vio una cantidad de libros considerables, literatura y algunos otros interesantes y lo más raro fue ver que tenía la misma agenda que le regalaron en la universidad, el curso de literatura, se extraño mucho la joven al ver eso. -Bien antes que nada, no me digas “Señor” porque me haces sentir más grande de lo que soy. Segundo, si Oscar te vuelve a seguir o molestar como lo vi hoy, me dices. Tercero, toma, este es mi correo y clave para acceder a mi cuenta de Uber la cual se carga a mi tarjeta de forma automática.- Le entregó el papel a la joven.

-Ahh bueno, sobre lo del Uber lo pensé mejor, creo que no podría aceptar aquello, o podría sí pero hasta tener mi propia tarjeta que me la dan en una semana.

-No veo cuál es el problema sin embargo te entiendo. Pero puedo cambiar aquella situación de incomodidad si te descuento lo que uses cada mes, algo que me desagradaría porque te lo ofrezco de forma voluntaria sin comprometerte a nada por cómo te has desempeñado hasta hoy. Haces un buen trabajo, además lo del Uber no es nada.

-Está bien, acepto esto que me dice, que me descuenta y para que no sienta que le rechazo el reconocimiento le propongo que me descuente la mitad de lo que gaste cada mes.

-Eso es justo.- Apretó la mano de la joven y volvió a acomodarse en su asiento.

-Y sobre lo de llamarle por su nombre, no quisiera hacerlo, al menos no en la empresa porque siento que le estoy faltando el respeto.

-Mh no es tanto así pero entiendo, está bien, llámame como quieras.

-Vale… Sobre lo de Oscar, sí, sí le avisaré si me molesta aunque con su acusación y la cara que puso ante su voz, ya se le ha de quitar las ganas de molestar.- Dijo la joven con gracia y él sonrió.

-Me parece perfecto porque eso debe hacer ese chico, dejar de molestar y concentrarse en su trabajo en vez de estar de flojo y molesto, es un vago.

-¿Puedo hacer una pregunta, señor?

-Sí, has dos si deseas.- No cambió su gesto serio y ella sintió que posiblemente se iba a pasar de preguntona.

-Es que vi la agenda y esa me la dieron a mí en inscripción al curso de este año para literatura, un curso nuevo que dura seis meses.

-La razón es que también me inscribí en ese curso.

-Genial, seremos compañeros, lo pido para los trabajos de grupo.

-Jajaja, me encantaría.- Dijo sintiéndose un poco comprometido pero a la vez halagado.

-Con usted voy a tener sólo buenas notas, me comentaban los compañeros que era un gran y reconocido escritor.

-Mh escribo, me gusta mucho hacerlo y lo hago más de lo que la gente piensa.- El rostro le cambió y se suavizó ante ella.

-Ya hemos tenido dos clases. Mmm, no lo he visto por ahí…

-Es cierto y yo he estado pero creo que por la cantidad de asistentes no la he visto.

-Cuando lo vea me sentaré a su lado.

-Está bien.- Asintió Axel. -Y no lo olvides, Usa el Uber.

-Jajaja.- la joven rió y se fue a su cubículo. -Intentaré usarlo.

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