Impulsivo Capítulo XXXV Super Mercado Muggle 🦁🐾💊

Lista de capítulos

Capítulo 1 ¡Adiós Y Hasta NUNCA, Hogwarts! Capítulo 2 Universidad De Londres 🤔 Capítulo 3 Profesor Tobias Prince 📜 Capítulo 4 Srta. Jean Puckle 🕒🔊😨 Capítulo 5 ¿La Conozco, Srta? 🤔🧐 Capítulo 6 ¿En Qué Lo Puedo Ayudar? 📕👂😱 Capítulo 7 Suspicacias De Un Slytherin 🐍 Capítulo 8 Reunión De Subterráneo ✒️📋📷 Capítulo 9 Cuando Quiera, Granger 🔎 Capítulo 10 Coincidencia Nocturna 🌃 Capítulo 11 No es malo 🌅🌧️ Capítulo 12 Verla Un Instante ❤️🦁 Capítulo 13 Querido Profesor… 👄 Capítulo 14 Querido Profesor Part 2 👄🔞 Capítulo 15 La Madre De La Joven – 1🍋🔉 Capítulo 16 La Madre De La Joven – 2 🧐😕 Capítulo 17 Impulsivo Part 1 🏰 🐍 Capítulo 18 Impulsivo Part 2 🚂🏰👄 Capítulo 19 La Anciana Y El Chocolate👗🔥🛤 Capítulo 20 La Caja De Cristal 🔓🧧 Capítulo 21 Piedras Y Cielo Nocturno ◾🔥🌃 Capítulo 22 LA BENDITA RADIO 📻 ⌚ Capítulo 23 EL BENDITO TELÉFONO – ☎️📞 Capítulo 24 ¡SUMERGIR LOS CELOS! Capítulo 25 CASA DE CAMPO Capítulo 26 El POCIONISTA SABE LO QUE HACE 🔥 Capítulo 27 ABUELO ESTIRADO 🤨 Capítulo 28 PARTE DE LA SORPRESA 🦁 Capítulo 29 MALFOYLONG 🧐🖋️📜🔥 Capítulo 30 Narcissa Está Embarazada 🤨🌋⚡� Capítulo 31 Te Voy A Degollar 🧠� Capítulo 32 Alex, Hermione, Scamander, Y Severus 🔥 🔥 💼 Capítulo 33 ¿Dónde Estás, Malfoy? 🤫🤺 Capítulo 34 Narcissa Black – Snape En Taxi 🚖� Capítulo 35 Super Mercado Muggle 🦁🐾💊 Capítulo 36 Flashes Del Pasado 😬 📸 Capítulo 37 Scamander Y Baile Del Torneo 🏰 Capítulo 38 La Familia Es Valiosa 🏰 � Capítulo 39 Confrontación, Éxito Y Accidente 🔪� Capítulo 40 Doble Problema Y Segunda Oportunidad 📖 🧠 Capítulo 41 Te Quiero 🟩🔺� Capítulo 42 Consultorio de terror 🔎 🐍 👶

Cuando dieron cerca de las siete de la mañana, la estudiante despertó de una manera brusca gracias a que una ranita de goma de azúcar, que seguro se había salido de la caja de regalo que Snape compró para ella, la empujaba insistentemente, esta gomita que medía centímetro y medio de ancho y olía a frambuesas quería introducirse a su boca pero por los orificios de su nariz. Definitivamente un gran y molesto problema fácil de resolver.

Se sentó mientras este cuerpo blando seguía en contorsion en su orificio derecho. Impaciente tomó a la ranita de las patitas para jalarla y darle una mordida salvaje de antojo al mismo instante que buscaba la hora en su muñeca.

Se alivió al comprobar que tenía tiempo para llegar a clase de runas electivas con Malfoy, de hecho eso era por el medio día, además, dar un examen de DCAO cerca de las dos de tarde y finalmente empacar e ir al traslador que el señor Scamander había dejado en el mismo lugar donde el profesor ex cabellos largos y plateados los había sorprendido compartiendo caricias de confianza.

Se sentía un fresquito intenso, su cuerpo temblaba más a cada respiración profunda que hacía, el frío la obligó a regresar debajo de las frazadas a acurrucarse en la blanda cama.

Respiraba lento y veía en su mente toda la información que tenía de ese raro evento donde había visto a Snape cerca de una joven mujer embarazada, una que le dijo al pocionista que estaba enamorada.

Se sintió un poco indispuesta por ello y al analizarlo buen tiempo durante esos largos minutos viendo y oliendo el perfume en el cuerpo de Snape a su lado, decidió ignorar el asunto, al menos no darle tanta importancia y empezar a contar el tiempo en que él le dijera algo sin presión.

Si mal no lo recuerdan, estaba pasando algo bien raro. La pareja bruja-muggle había estado primero en Francia y de repente, oh casualidad, vivían cerca de la casa de la madre de Hermione ¿Por qué? ¿Estaba mintiendo esa bruja ex esposa de Malfoy? ¿Se habían mudado a propósito ahí, por qué?

—¡Severus, ya despierta! se te hará tarde, tienes un examen a las dos para evaluar DCAO —Hermione a veces lo sacudía muy brusco.

—¿Eh? ¿Qué hora es? —despertar de golpe era definitivamente lo más molesto del mundo entero para Snape aunque sentir una pequeña mano en su espalda moverlo con insistencia, era maravilloso, sutil, tierno e increíble—. ¡Ay Granger! Eres… —apretó las palabras—, Tan… in su fri ble —se quejó con sueño mientras arrugaba las sábanas con sus dedos y volvía a hundir su cabeza en la almohada para seguir en lo suyo, de verdad quería dormir.

Algo que empezaba a pasar en su nueva vida de profesor de universidad y además desde que tenía una relación con la joven, era eso, “Dormir”, algo anhelado por él, sentir cansancio, ya no tomar más pociones que indujeran el sueño a su cerebro cuando años anteriores se permitía sólo dos horas cada día y le parecía demasiado fastidioso porque simplemente no podía. Quizá por eso ya no tenía esas ojeras y se veía como un hombre de su edad en vez de un anciano amargado, ahora que descansaba y además al lado de esa abrazable y acariciable mujer que le daba amor todo el día, tenía sueño y sueños placenteros

—Primor, acabas de decir que es en la tarde ¿Por qué me despiertas? —su voz era grave, cuidadosa y extremadamente somnolienta y lenta.

A Hermione se le ocurrió algo rápido, algo inocente y dijo:

—Hagamos el amor antes de que vaya a mi primera clase —Hermione soltó en tono animado, en susurros secretos, pensó que al decir eso él no se iba a negar y se pondría de pie en un instante.

—Eso suena interesante —Snape se arrodilló y estiró su mano para tocarla, con sus dos brazos la tomó de la cintura y la metió a la fuerza de nuevo debajo de las sábanas y frazadas.

Snape suspiro y aspiró el aroma de ella, su perfume de vainilla que se acentuaba en su cuello junto a su olor natural similar a la de una bebé que bañas con jabón de rosas suaves, bueno, nunca había olido a una bebé pero se imaginaba que era así.

Hermione divertida empezó a sentir muchos besos en su rostro, cuello, clavículas y pecho mientras él bajaba poco a poco a la mitad de su vientre y de paso le sacaba toda tela que estorbara.

—Sólo era motivación, brujo, que te despiertes temprano. ¡Juro que sólo quería que despiertes! —ella aguantaba la risa entre suspiros donde se dejaba llevar.

—Mhum —el pocionista bajaba aún más perdido en encontrar su objetivo, sigiloso, con cuidado de no apresurarse mientras sus manos se deslizaba en sus tiernos hombros, cuello y pecho de ella, hasta que por fin lo logró y escuchó cuando acertó en el blanco, ella gimió.

Esa estudiante era tan débil ante sus caricias, no podía estar sobria o en contra de esa situación.

El sol se asomaba intensamente a través de la ventana, tocaba el suelo alfombrado, la pared tapizada con magia, por Snape, el aroma del pasto y la humedad de los bosques cercanos entraban por la ventana y se movían directamente al pie de la cama que era el primer lugar que el aire tocaba gracias a las largas, espesas y blancas cortinas.

La temperatura subía gradualmente y lo tibio y húmedo empezaba a ser madero que arde en crepitares constantes y crecientes llamas sobre el avivamiento de dos cuerpos.

Los segundos parecían ser lentos sobre esa cama en contraste del ritmo en el cuerpo de Severus y las fuertes agitaciones de los bustos de Hermione al ser subida hasta la cabecera por la inercia y hundida con suavidad por el peso de la pasión, las caricias y el deseo en la pelvis del profesor Severus, su querido profesor Snape.

El acabose se asomaba libre y descarado, en una pareja cómplice y culpable de amor, porque la coalición entre ambos cuerpos era eso, ella era una bella constelación en su galaxia oscura y llena de brillos plateados aunque con espacios verdes, no sólo placer que se acaba en el último suspiro y deja de tener conexiones, miradas y preocupación. En sus ojos cerrados y respiraciones veloces por culpa del corazón, se decían cuánto se necesitaban y cómo era que el tiempo, Merlín y la magia los había conectado a la perfección.

—Ah, mi amor, Sev…. Verus… —Hermione estaba en lo más alto de esa enorme, cálida y envolvente montaña, un lugar donde podía ir una y otra vez sólo con él.

El mejor paisaje del mundo.

—Oh, preciosa, te amo —La voz de Snape salió apretada, se había ido junto a ella, a contemplar ese sol que ahora calentaba sus pechos en lo más alto de ese magnífico lugar, un paisaje de adoración permitida para dos con caricias en oídos, ojos y nucas. Cálido y espléndido sol los deslumbraba y cegaba por varios minutos.

Estaban cansados, sin saber por qué ahora sus besos los tranquilizaban y los hacía más cercanos al otro.

—Hermione, mi amor —soltó Snape mientras se envolvía con la tela de las sábanas sobre sus espaldas y piernas, su rostro estaba enrojecido intentando abrirlos completamente para verla a ella—, a veces no puedo creerlo… —susurró grave y en tono placentero—, me gusta tanto, me gustas mucho, es increíble, vivir algo así.

Ella intentaba recuperar el aliento, no tenía intención de acabar así esa mañana donde tenía algo en la cabeza pero al parecer ese algo se había esfumado. ¿De qué se trataba ese algo?

—De verdad es así, a veces también es imposible de creer para mí, profesor —ella dijo el sustantivo individual a propósito con una relajada sonrisa en su rostro.

Snape ladeó una bella y fresca sonrisa, cada vez más natural ante ella, sólo ante ella.

—¿Profesor eh? Y lo peor es que de verdad lo soy, soy tu profesor de universidad y además fui tu profesor en la escuela ¡Esto es un escándalo delante de Merlín, entérate de una vez!

La joven sonrió y se cubrió hasta la cabeza con las sábanas, aguantaba la risa.

—¡Qué locura! ¿Eso lo hace más interesante o no? Al menos yo lo admito, profesor Snape, que diga, profesor Prince —se coqueteaban mutuamente, su voz era suave— admito que, el que seas mi profesor lo hace más llamativo porque recuerdo aquellas veces, no a propósito, cuando me gritabas o me acusabas de insolente por hablar antes de que me lo pidieras, osea nunca, y al mismo tiempo tengo el contraste de tus palabras suaves y la preciosa intromisión exitante de tu ser en mí, ah, cómo me llenas en todo sentido y cómo eres tan comprensivo con tus castigos actuales.

Snape jaló la sábana para contemplar ese hermoso par de claros cafés, los cuales adoraba que lo miren directo a los negros suyos, adoraba que esos iris se paseen en todo su varonil cuerpo afuera y dentro de la íntima convivencia de su relación.

—Eres terriblemente antojable, miss Granger.

El mago sabía bien, estaba seguro que ella lo amaba y que el sentimiento era inmenso porque él lo tenía gigante sobre su pecho.

La miró por dos segundos y como si quisiera explicar algo importante, hizo todo lo posible por intimidarla una vez más, acercando su rostro a ella lo más que pudo, en una postura imposible de lado sobre la cama, común para otros pero soberbia para ella.

—¿Quiere saber algo interesante, Señorita Granger? —sonó autoritario.

La estudiante amplió su sonrisa y sonrojo.

—¿Qué es? —de verdad su dulce voz seductora contenía muchísima curiosidad.

—No sé si es posible, o sí puedas entenderlo porque también te ha pasado, pero, no recuerdo mi vida antes de conocerte aquí, pequeño amor, eres una mujer completa y no recuerdo que no lo hayas sido a menos que piense y haga un esfuerzo que ahora parece imposible.

—Sí he sido más joven si a eso te refieres, me has visto crecer, esa es la verdad. Por eso parece increíble, Severus, porque yo también he visto cómo eras, he notado tu voz ponerse aún más gruesa, tu soledad, tu cuidado y forma de ser. He visto cómo cada año eras más distante de la gente y también vi que al pasar un buen tiempo después de Hogwarts has podido tener al fin una vida, la que querías.

—La vida me la has dado tú, Granger —susurró incitado por la sensación de su reciente orgasmo, grave, seguro, autoritario como siempre y luego alzó la voz a un tono un poco más abajo de  lo normal—, En realidad no lo vi, no vi el cambio, lo juro por Salazar Slytherin, no te vi hasta que empezaste a desafiarme y aún así lo que recuerdo más, está aquí, en este lugar, es como si una gran venda se haya ido de cubrirme los ojos, a veces siento que desperdicié mi tiempo cuando debí verte a ti, primor… Ya no sé cómo explicarlo —todas sus palabras eran soltadas con cuidado, lento como solía hablar él con ese señalar importante—, Mírame, no soy diferente, pero no soy el mismo hombre de antes porque en tiempos pasados estaba incompleto —no perdía de vista los ojos de Hermione— creo que no puedes entenderme —el corazón le latía fuerte ante la confesión.

—Sí —tocó el rostro del mago—, te entiendo y tú sabes que es así, te preguntas cómo es que estamos juntos… Tú y yo. Te preguntas cómo es posible que nos amemos, que vivamos juntos y nos acostemos, que hayamos construido tantos secretos. Y ante todo eso haya otro lado donde uno se sienta cómoda de que pase, como si debía pasar así. Te amo, aún no te has acostumbrado a escucharlo, por eso te entiendo.

—No me he acostumbrado, porque precisamente eso me parece increíble.

—Ya no lo pienses, has como yo, pensar en que si es posible, nos separa porque ahí es donde se encuentran  cosas para detenerse. Severus, yo no quiero detenerme ¿Acaso tú sí? Lo he dicho antes, no importa todo lo imposible que esto sea, que nos hayamos visto antes de distinta manera, en otros tiempos, no me importa que seas más grande que yo, que seas mi profesor, que seas un odioso Slytherin.

Snape ladeó una sonrisa sutil, la mujer delante de él era maravillosa y no podía ser posible que lo viera en pequeños instantes como si fuera un increíble hombre.

—No, no quiero detenerme, no importa nada tan sólo que hoy estás conmigo, gracias por hacer que sienta que te importa este viejo menos amargado o que soy cercano a ti —los ojos del hombre se emocionaron y su voz se hizo importante, sincera—, estaba solo, me sentía así y ahora tú, Hermione Granger, eres mi única y suficiente familia, juro por Merlín que daré mi vida por ti.

La abrazó ahí en la cama, ambos estaban desnudos y agitados. Se besaron aún por muchos más minutos hasta que.

—Severus, necesito que me acompañes.

—¿Dónde? —respiró de forma profunda mientras hundía su larga y recta nariz en el cabello desordenado de su joven novia.

—Quiero unas cosas personales del supermercado.

Snape se alejó un poco de ella.

—¿Supermercado? Espero no te refieras a ese lugar que tiene muchas cosas inútiles y muggles.

Hermione sonrió por el cambio de voz en Severus.

—Sí, ahí, necesito unas cosas.

—Hay magníficas tiendas para brujas, deberías ir ahí.

—Severus, son cosas para aseo personal femenino que la verdad prefiero no dejar de usar en marca y costumbre, no lo he cambiado nunca desde que salí del mundo sin magia, sí Severus, no uso cosas para brujas.

—Bien, no voy a discutir acerca de eso, te acompañaré —Pará ese hombre no parecía buena idea profundizar en las cosas personales y femeninas de Hermione a menos que sea cosa de misterio.

Unos milisegundos después, Snape entre cerró los ojos pensativo y alterado porque si ella quería ir al supermercado tenía que ser por descartar las manera tradicionales o mágicas en averiguar temas delicados, eso, respuestas positivas o negativas de un test, sí, que podía haber posibilidades de estar embarazada ¡Santo Merlín! que quizá quería hacerlo de esa manera tan extraña y física que usan los Muggle ¿Por qué?

El mago no dijo nada, mejor se fue porque tenía mil preguntas y muchas más respuestas, ellos estaban juntos, vivían juntos y además dormían juntos, una pareja con actividades y comportamientos sanos.

Se preguntaba si debía haber sido más comunicativo, si ella había cargado sola sobre sus hombros el cuidarse de no procrear una vida antes de tiempo, pero él estaba seguro que el noventa por ciento de las veces había puesto barreras de concepción y que un diez por ciento del resto, las emociones los había atrapado uniéndose una y otra vez con todo su ser táctil y los resultados naturales de sus orgasmos.

¡Magnífico! Pensó con la ceja alzada, después el ceño fruncido viéndose en besos, caricias y amor, su corazón latía rápido en su pecho ¿Habían posibilidades altas? ¡Merlín, claro que sí! Una consecuencia hermosa, oh tan bella, pero apresurada para Hermione ahí estaba lo complicado.

El mayor se quedó así todo el día, ya no curioso, ni alterado sino muy preocupado por esa joven, porque si era lo que pensaba entonces tenía que darle seguridad a su novia. Si debían estar embarazados ella no tenía que padecer, aquello no debía ser razón o  impedimento para que culmine sus estudios, el pocionista estaba decidido a invertir más tiempo para ella y el bebé, que los tres estén felices y cómodos.

***

Ese mismo día cerca de las siete de la tarde, Hermione se adelantaba al supermercado porque Snape le había dicho que tenía unas cosas que hacer, ella por su puesto no quiso preguntar dónde iba así que le indicó en qué lugar se verían.

Él ya estaba ahí, de hecho, llegó unos minutos después que ella y se detuvo en una esquina del lugar donde vendían extraños juguetes de plástico con luces, para él todo aquello era demasiado inútil. Muchas cosas giraban en su cabeza, como que ella al ser de padres muggles posiblemente tenía costumbres mestizas, se preguntaba desesperado ¿Dónde estaban los ábacos, los juguetes de madera para armar o esos modelos de trenes y casas para pintar, dónde estaban los hormigueros con reinas y soldados rojos en cubos de arena o dónde los primeros grimorios para bebés? No, en vez de eso sólo había ese horroroso olor a plástico tóxico.

Nada le agradaba.

En vigilia atenta intentaba que ella no lo vea, se decía así mismo “Hermione quiere comprobarlo sola y luego decirme
El un instante se percató de que alguien lo observaba desde su izquierda en ese pasillo tan lleno de colores pasteles en ropas diminutas.

—Buenas noches, señor ¿En qué podemos ayudarle? —una voz amable lo atacó de imprevisto.

El profesor, nervioso, alzó los hombros por inercia al mismo tiempo que cerró los ojos e intentó no responder de mala gana.

—Buenas noches.

—Sí, señor, le preguntaba en qué podía ayudar.

—Ah, yo… —tenía que tragarse su orgullo por unos segundos, haber embarazado a su novia definitivamente era cosa seria y le preocupaba mucho no saber qué hacer, si empezar a comprar ropa de bebés, leche, utensilios o simplemente esperar, debía ser directo y resolverlo como un adulto —Mi novia está embarazada —aclaró la garganta y se atrevió a dar cierta información—, A lo largo de mi ascendencia, en mi linaje como mago, los varones de mi familia tanto paterna como materna han tenido primero dos varones antes que una mujer, entonces si ella está embarazada definitivamente debe ser un varón pero no sé para qué diablos puede servir o qué pueda necesitar de toda esta inutilidad que vemos delante de nuestros ojos —señaló la ropa que se supone era de bebés—, Aquí no veo ropa para varones.

—La ropa de varón es esta sección, pero si es de esos padres con reglas anticuadas en cuanto a colores, puede caminar más al extremo y conseguir ropa de color azul o negro.

—Sí, sí, el negro estaría bien, aún si mantiene ese excesivo culto a los animales.

La reponedora quedó muy confundida. ¿De qué me habla este hombre?

—Y si me deja preguntar ¿Sí quieren tener el bebé, lo han decidido? —ella preguntó eso porque acababa de atender en la mañana dos casos donde un joven y una chica, querían conseguir pastillas abortivas.

—Lo que acaba de preguntar es absurdo, si me acuesto con ella sin cuidarnos de alguna manera la mayor parte del tiempo, significa que debemos esperar un embarazo, eso es seguro, y por su puesto que queremos tenerlo, para un mago como yo la herencia de un varón es el mayor orgullo de la vida y con la mujer que tengo, que es mestiza igual que yo, será una raza única de mago, quizá una de las más fuertes y longebas —de verdad él había soltado eso delante de la chica sin que ella pudiera entenderle absolutamente nada—. El problema que tengo es que no sé con qué empezar las compras prenatales, ya que las vitaminas o alimentación de ella serán definitivamente supervisadas por mí y mi magia, entonces ¿Qué le haría falta de aquí?

La dependienta no podía creer lo que escuchaba.

—Ahh, muy bien, caballero, lo que puede hacer es comprar pañales, pañitos húmedos, crema para las rosaduras y leche de fórmula, después puede continuar con algunos juguetes en el área de cero a tres años de edad —señaló con su dedo— En ese pasillo encontrará todo lo necesario, algo que también puede ser interesante, emocionante y estimulante para usted, es que compre ropa de recién nacido o hasta los dos años de edad.

—Me abstendré a la ropa porque es fosforeceste y demasiado clara a mi gusto.

—Encontrará lo que desee, es cuestión que elija y ponga en el carrito— le señaló un carrito vacío cercano y abandonado por otro comprador.

Snape asintió cuando la joven hizo una ligera venia de cabeza y se despidió para dejarlo solo.

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